Huesca, el Jazz y la Gestión con Alma: Conversamos con Jaume García
| Jaume García Castro |
¡Bienvenidos de nuevo al blog de Maddison Pack!
Si hay algo que define a nuestro cuarteto, más allá de la partitura, es el valor que otorgamos a las personas que hacen posible que la música respire. Este mes de febrero hemos decidido detener el ritmo de nuestras crónicas habituales para sentarnos a conversar con alguien que trabaja con sensibilidad para que la música y la cultura sigan siendo una parte esencial del día a día en la ciudad de Huesca.
Jaume García no es solo el gestor que abre las puertas del Salón Azul del Casino; es un buscador de historias, un hombre de radio y cine que entiende que la cultura es, ante todo, un acto de resistencia y generosidad. En esta entrevista, Jaume nos abre su maleta vital —desde los platós de Barcelona hasta la calma de Huesca— y nos regala su visión sobre ese "cocktail" único que se genera cuando el jazz de Maddison Pack se encuentra con el público oscense.
Pasen y lean: así piensa el hombre que programa los latidos culturales de nuestra ciudad fetiche.
Un viaje vital de la radio a la gestión
P: Jaume, tu biografía tiene un giro de guion fascinante: pasaste de ser una voz de referencia en la radio en Cataluña, a convertirte en divulgador de las noticias en la comarca oscense de La Litera y posteriormente en gestor cultural en Huesca. ¿Cómo se produce ese viaje vital del periodismo radiofónico a la programación de conciertos?
R: Pues impulsado por la crisis del 2008. En esa época estuve a punto de conseguir copresentar programas de radio o televisión para El Terrat, porque Andreu Buenafuente confiaba en el equipo con el que hacía un programa radiofónico en Onda Cero. Incluso el trío de presentadores que formábamos ese equipo llegamos a grabar un piloto en el plató de Buenafuente, pero llegó la crisis y empezaron a cerrar empresas en todos los sectores. De la noche a la mañana pasé de trabajar en dos emisoras de radio y una televisión a estar en el paro. En ese momento mi compañera estaba embarazada, así que buscamos un sitio donde aguantar el chaparrón. Binéfar fue ese sitio, mi hija nació en Barbastro y ahora, tras mil vicisitudes, vivimos en Huesca.
P: Durante dos décadas te dedicaste a presentar programas de televisión sobre cine, incluso te han publicado un libro en 26 países. Luego en La Litera te conviertes en periodista local. ¿Cómo logras ese equilibrio entre el rigor del investigador y la agilidad del periodista para que la historia local no sea algo estático, sino algo que atrape y emocione?
R: Pues porque no hay historias grandes o pequeñas, hay historias interesantes o aburridas. Normalmente sufrimos una especie de complejo de inferioridad pensando que lo local no es interesante, pero estamos equivocados. Lo cercano es apasionante si sabes encontrar esas historias que valen la pena ser contadas. Luego, hay que saber contarlo, claro, pero eso es cuestión de estilo y oficio.
Refugios y pasiones ocultas
P: Tu curiosidad parece inagotable. Entre crónicas, divulgación de la historia cinematográfica y gestión cultural, ¿Dónde encuentra Jaume su momento de silencio? ¿Hay algún "refugio" o actividad que nadie imaginaría que te apasiona?
R: Sí, claro. Me apasionan el diseño de interiores y la arquitectura. Soy un ávido consumidor de esos programas de televisión donde hacen reformas de casas. Bueno, más que reformarlas, las destruyen y luego reconstruyen. Es una buena metáfora de cualquier proceso creativo. Para crear hay que saber utilizar las técnicas, destruir lo que se ha hecho antes y luego reconstruirlo. Sólo así sabemos que estamos ante un o una artista de verdad.
P: Siempre se dice que somos lo que leemos o escuchamos. Si tuvieras que rescatar un solo libro de tu biblioteca y un solo disco (que no sea de jazz, para no darnos el gusto) para sobrevivir en una isla desierta, ¿cuáles serían tus elegidos?
R: No tengo ninguna duda que el libro sería El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas. Si me dejaras coger dos, el otro sería La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson. Como me limitas tanto, no me puedo llevar la discografía completa de Queen o de Pink Floyd, así que me llevaría el Pulse de Pink Floyd, un concierto en directo que contiene lo mejor del grupo y que es una absoluta maravilla.
El pulso de Huesca y el Círculo Oscense
P: Has vivido la Barcelona de las grandes emisoras de radio y la calma de la Huesca más auténtica. ¿Qué tiene el Alto Aragón que te ha hecho echar raíces tan profundas después de haber conocido de cerca el vértigo de las grandes ciudades?
R: Pues la sensación de que la vida puede ser muchísimo más sencilla y que se pueden dormir más de cuatro horas seguidas, aunque donde vivo no siempre es fácil dormir.
P: El Círculo Oscense es un espacio con una personalidad arrolladora. ¿Buscas que la actividad se adapte al edificio, o intentas que el edificio cobre una vida nueva a través de la propuesta artística?
R: El edificio tiene personalidad porque se la aportan las personas. Un edificio vacío acaba arruinándose. La clave está en que el edificio lo acoge todo, lo importante es escuchar a los que lo utilizan. Si programas de espaldas al público acabas programando para cuatro. Es imprescindible escuchar a las personas que vienen a los conciertos, interpretar sus reacciones y buscar el equilibrio entre la oferta de artistas disponibles, la divulgación de todo tipo de músicas y mostrar al público cosas que quizás no conocen. Lo más difícil es conseguirlo con el presupuesto que tiene el Casino. Y creo que llevo casi una década consiguiéndolo. Cuando veo que hay familias que vienen con sus hijos a los conciertos es cuando me doy cuenta que la cosa va bien.
P: Tras tantos años en primera línea de la gestión cultural en Huesca, ¿Qué es lo que más te sigue sorprendiendo del público cuando se apagan las luces y empieza la música?
R: Lo primero que me sorprende es que sigan confiando en mi criterio. Cuando empieza la música, normalmente miro al público. Les analizo, veo cómo cierran los ojos y disfrutan, o cuando se inquietan con ruidos de fuera. Todo eso me ayuda a tomar el pulso de lo que realmente tiene que sonar en el Salón Azul. De vez en cuando me arriesgo y me doy un capricho personal, pero eso ha pasado muy pocas veces en más de ochenta conciertos que llevo programados.
Maddison Pack: Una conexión natural
P: Huesca y su Casino ocupan un lugar privilegiado en nuestro mapa emocional. Como anfitrión de esos encuentros, ¿Qué vibración especial crees que aporta el jazz de Maddison Pack a un lugar con tanta solera y atmósfera modernista?
R: Creo que es un espacio donde la música de Maddison Pack se escucha de forma natural. El jazz es una música que necesita de una atmósfera especial. El público viene con actitud abierta, dispuesta a escuchar cosas que conocen, pero también cosas que desconocen. Esa mezcla heterogénea se va retroalimentando y crea un cocktail que va variando en cada sorbo que le damos a la copa.
P: Defendemos el disco como un "objeto de colección" que mezcla música, pintura y literatura. ¿Crees que ese formato físico y artesanal es la mejor resistencia frente a la cultura efímera de internet?
R: Yo soy de la vieja escuela, de los discos físicos; si es vinilo mucho mejor. Internet ofrece experiencias interesantes, pero cada formato tiene su forma particular de experiencia. Si el cine no hubiera resistido en 1900, hoy el mundo sería muy diferente; no habría pantallas. Dependemos de ciertos caprichos del destino y de un número suficiente de "caprichosos" para que los discos no desaparezcan. Creo que es un formato con mucho futuro todavía.
P: Si tuvieras que elegir un rincón del Casino y una canción de nuestro repertorio para detener el tiempo, ¿cuáles serían?
R: El rincón sería el magnífico bar que tiene el Casino justo frente a la escalera principal. Y allí disfrutar de nuestra consumición, de una charla y de "Old Friends", de Abril 1959. No descarto hacerlo uno de estos días.
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| Salón Azul, Casino de Huesca. Durante la presentación del álbum "626 Club" de Maddison Pack |

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