Juanfer Briones: "La música tiñe una capacidad evocadora inmensa, muy superior a la palabra o la imagen"

 


Juanfer Briones, dibujante.

Es un placer compartir esta conversación con Juanfer Briones, dibujante de cómics afincado en Barbastro con más de once años de trayectoria publicando de forma continuada. Su trabajo abarca desde la historia medieval aragonesa hasta adaptaciones literarias, siempre con un trazo que combina rigor documental y narrativa visual poderosa.

Juanfer es el autor de las siete ilustraciones de Abril 1959, el álbum de Maddison Pack: imágenes en blanco y negro que acompañan el relato noir de Ricardo Bosque y forman parte física del objeto artístico del disco. Una de ellas —los cuatro músicos llegando al club por el callejón— inspiró directamente la portada.

En esta entrevista hablamos de cómic, de jazz, de cine negro y de lo que viene.


I. El trazo y la historia

P: Llevas más de once años publicando de forma continuada. ¿Qué es lo que te sigue enganchando a contar historias a través del cómic? ¿Qué puede hacer una imagen que no puede hacer el texto?

R: La verdad es que es de agradecer que GP Ediciones haya confiado tanto tiempo en mi trabajo y la verdad es que soy muy afortunado de haber contado con la amistad y dedicación de Daniel y Sara.

Respecto a contar historias con dibujos… Contar historias es natural, todos lo hacemos de una manera u otra. A mí me gusta hacerlo con dibujos más que con texto. Me fascina crear imágenes que sugieran en otros sensaciones o emociones que, además, permitan contar una historia. Es la magia de la comunicación.


P: Tu trabajo tiene mucho rigor documental —historia medieval, adaptaciones literarias... ¿Cómo equilibras la fidelidad histórica con la libertad creativa a la hora de ilustrar?

R: Intento que no me nuble. Quiero decir que algo de rigor es necesario pero cuando comienza a tener más peso la Historia (con mayúscula) que la historia (con minúscula) se vuelve un lastre. Me explico: cierto rigor para contar una historia, pero siempre consciente de que no es —no puede ser— un documental. Para eso hay otros medios.


P: Tu trabajo en Abril 1959 se mueve en el blanco y negro puro. ¿Qué tiene esa paleta que el color no te da? ¿Crees que el blanco y negro y el jazz comparten algo en su forma de crear atmósfera?

R: En mi cabeza están Bogart, Hamlet, el cine negro, El tercer hombre, Welles, el cine expresionista alemán… No es solo blanco y negro, son los grises. Toda esa atmósfera me fascina y creo que encaja muy bien con el relato.


P: Muchos ilustradores hablan de que el encuadre lo es todo —que elegir qué mostrar y qué dejar fuera es la decisión más importante. ¿Cómo lo vives tú?

R: Me gusta pensar más en mí como dibujante que como ilustrador. Una profesión que respeto pero no me considero ilustrador. Un ilustrador es capaz de resumir en una imagen una historia, y yo me encuentro en una cadena de imágenes que cuentan una historia. Y ahí es muy importante el encuadre. Algo que une al cine y al cómic. El enfoque da significado extra a la escena.


II. Abril 1959 y el universo Maddison Pack

P: Cuando te propusimos colaborar en Abril 1959, ¿qué fue lo primero que pensaste? ¿Cómo se afronta ilustrar un disco de jazz y un relato noir al mismo tiempo?

R: Una proposición irrenunciable. Me gusta el jazz, adoro la música de Maddison y además el relato es muy sugerente. La música tiene una capacidad evocadora inmensa, muy superior a la palabra o la imagen. Así que había que enriquecer —o no estorbar— a la música, ¡que ya es excepcional!, para adornar la historia.


P: El relato de Ricardo Bosque tiene una atmósfera muy cinematográfica —humo, bares, detectives, Nueva York de los cincuenta. ¿Cómo trasladaste esa atmósfera a las ilustraciones? ¿Leíste el relato primero o escuchaste la música?

R: Ya he comentado que todo el cine de esa época está muy presente en mi trabajo y esta ha sido una oportunidad fantástica de plasmarlo.

Escuché la música y más tarde leí el relato, y estaban tan en sintonía que fue fácil ver los nexos comunes —al menos en mi cabeza. El resto fluyó solo.


P: Hay una ilustración especialmente icónica: los cuatro músicos llegando al club por el callejón, que inspiró directamente la portada del disco. El fotógrafo Mas Mastral reprodujo esa imagen en foto real con los músicos. ¿Cómo nació esa imagen?

R: Jajajaja. La verdad es que la vi clara desde el principio. Es un grupo joven y me transmitía cierta ingenuidad, que también está en el relato de Ricardo. Así que siguiendo el relato sencillamente "la vi".


P: De las siete ilustraciones del disco, ¿con cuál te quedas? ¿Cuál fue la más difícil y cuál la que salió de forma más natural?

R: ¡No me hagas elegir! Bueno, no. Cada una de las viñetas tiene algo que considero importante para el relato. La más sugerente quizás sea la de la oficina, pero también la del cuarto de baño tiene su punto. Intenté que cada "viñeta" del relato tuviera algo que "explicara": hay imágenes que redefinen o refuerzan el relato y que junto con la música se recrean en una unidad nueva.


III. Lo que viene

P: Ahora estamos desarrollando juntos el espectáculo Abril 1959 en directo —jazz en vivo con proyección de tus ilustraciones en tiempo real. ¿Qué te genera ese formato? ¿Cómo cambia la relación entre imagen y música cuando el contexto es un escenario?

R: Me parece una idea afortunadísima. Al mismo tiempo un reto, pero sobre todo me parece que va a ser un espectáculo novedoso, rico y retador para el espectador y los músicos. Una experiencia inmersa en el jazz y la historia que estoy seguro va a ser un éxito.


P: ¿Hay algún proyecto, colaboración o idea que estés explorando ahora mismo y que puedas contarnos?

R: Mi cabeza —y mi mano— no paran. Estoy con un guion de Juan Pérez sobre boxeo en los años 50 en España, otro sobre celtíberos, y un proyecto personal que me rondaba hace 30 años y que he decidido sacar adelante.

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