Enseñar música a los niños: conversamos con la maestra y pianista María Jesús Peralta
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| La profesora de música y pianista María Jesús Peralta en su aula. |
Septiembre es sinónimo de vuelta al cole, de aulas que se llenan de nuevo, de rutinas que arrancan. Por eso este mes queremos compartir con vosotros una conversación distinta a las que hemos tenido hasta ahora.
Desde Maddison Pack siempre nos ha interesado que el jazz llegue a todos, y en especial a los más pequeños. Por eso hemos querido acercarnos a la educación musical desde dentro.
Es todo un privilegio compartir esta conversación con María Jesús Peralta, profesora de música y pianista, con 31 años de trayectoria docente en Educación Primaria. Ha pasado por centros como Fraga, Ariza y Calatayud, y actualmente enseña en Villanueva de Gállego. Ha estado muy implicada en programas de coros escolares y sigue manteniendo su propio coro de infantil.
En esta entrevista hablamos de música, de educación y de por qué el jazz tiene un lugar fundamental en el aula.
I. Una vida dedicada a la música y la enseñanza
P: Llevas 31 años dedicada a la enseñanza de la música en Educación Primaria, prácticamente desde que se creó la especialidad con la LOGSE en 1990. ¿Cómo era enseñar música en las escuelas en aquellos primeros años? ¿Qué ha cambiado desde entonces hasta hoy?
R: Echar la vista atrás es recordar una época de pura construcción y entusiasmo, pero también de mucha escasez de recursos.
En los años 90, tras la implantación de la LOGSE, los maestros de música estrenábamos una especialidad sin apenas materiales curriculares editados ni aulas dotadas. Teníamos que fabricar nuestros propios recursos pedagógicos. Con el tiempo, el gran cambio no solo ha sido la digitalización y el acceso inmediato a la música (pasar del casete y el CD a las plataformas digitales), sino el propio enfoque de la materia. Hemos pasado de una enseñanza muy basada en la teoría, la historia o la flauta dulce tradicional, a una metodología mucho más activa, inclusiva y vivencial. Hoy el foco está en que el alumnado experimente la música con el cuerpo, la emoción y la creación colaborativa.
P: Has pasado por centros muy distintos —Fraga, Ariza, Calatayud, y ahora Villanueva de Gállego— y has enseñado a niños de 4 a 12 años. ¿Cambia mucho la forma de acercar la música según la edad? ¿Hay algún momento en el que veas que "se les enciende la bombilla"?
R: Cambia por completo porque responde a los diferentes estadios del desarrollo evolutivo del niño. En las edades más tempranas (Infantil y primer ciclo de Primaria), la música es puramente sensorial, lúdica y corporal; nos acercamos a ella a través del juego, el cuento musical y el ritmo libre. A medida que crecen, se introduce la abstracción, el análisis y la práctica instrumental colectiva más compleja. Ese momento mágico en el que "se les enciende la bombilla" suele ocurrir cuando logran conectar la teoría con la práctica. Por ejemplo, cuando después de semanas de juego corporal e interiorización rítmica, de repente descubren de manera natural que un patrón que están tocando es una figura musical que pueden leer y escribir. Ver esa chispa de comprensión y autodescubrimiento en sus ojos es la mayor recompensa de esta profesión.
P: Además de profesora, tienes la titulación de piano. ¿Cómo influye ese conocimiento del instrumento en tu forma de enseñar música a los niños? ¿Sigues tocando por placer, más allá del aula?
R: La formación como pianista te otorga una visión global de la armonía y una estructura mental musical muy sólida que enriquece enormemente el aula.
El piano me permite improvisar sobre la marcha, acompañar las canciones de los alumnos enriqueciendo su oído armónico en directo y adaptarme al ritmo real de la clase.
Fuera del aula, me gustaría sacar más tiempo para poder tocar por placer, pero eso no quita para que lo considere como algo muy importante para no perder la frescura a la hora de enseñar.
II. El coro y la música como comunidad
P: Has estado muy implicada en programas de coros escolares, y sigues teniendo tu propio coro de infantil aunque ya no formes parte del programa institucional. ¿Qué tiene el coro que no tiene la clase de música individual? ¿Por qué merece la pena mantenerlo con tanto esfuerzo?
R: El coro escolar posee una dimensión humana, social y comunitaria que trasciende los límites de la clase ordinaria.
En el coro no existe el rendimiento individual; el éxito es estrictamente colectivo. Enseña valores como la escucha activa, la empatía, el respeto por el tono del compañero y la responsabilidad del trabajo en equipo. Mantenerlo de forma independiente exige un gran esfuerzo, pero merece la pena porque es un espacio al que los niños acuden por amor al arte y de forma totalmente voluntaria. Ver cómo se teje esa pequeña comunidad, cómo se apoyan entre ellos y la satisfacción que sienten al unir sus voces en una sola sintonía es una de las experiencias pedagógicas más bonitas que existen.
P: Después de tantos años viendo crecer a niños a través de la música, ¿qué crees que les da la música que no les da ninguna otra materia? ¿Has visto casos que te hayan marcado especialmente?
R: La música ofrece un canal de expresión emocional y un refugio que ninguna otra materia puede igualar. A nivel cognitivo y motriz es brutal, pero su verdadero valor es socioemocional.
He vivido casos que me han marcado profundamente: alumnos con graves dificultades de comunicación, bloqueos emocionales o problemas de conducta que, al entrar en el aula de música o subirse al escenario con el coro, se transformaban por completo. Recuerdo especialmente a estudiantes con un alto nivel de timidez o baja autoestima que encontraron en el canto o en un instrumento de percusión su voz, logrando una seguridad en sí mismos que después se acabó trasladando positivamente a su vida diaria y académica.
III. Maddison Pack y la música en directo
P: ¿Cómo llegó a ti la música de Maddison Pack? ¿Qué tiene el jazz, y en concreto esta banda, que te haya podido enganchar?
R: Llegó a mí de forma cercana, a través de gente de mi entorno, y desde la primera vez que los escuché en directo me atrapó.
Del jazz siempre me ha fascinado la libertad, la capacidad de escucha que requiere entre los músicos y el peso de la improvisación. Lo que me engancha de Maddison Pack es su identidad propia: combinan la esencia del jazz clásico con una calidez y una narrativa melódica muy cercana, capaz de evocar imágenes y contar historias sin palabras. Es una música que respira y que se siente viva.
P: Si pudieras acercar el jazz de Maddison Pack a tus alumnos más pequeños, ¿por dónde empezarías? ¿Crees que el jazz tiene sitio en la educación musical infantil, tan centrada normalmente en otros repertorios?
R: Empezaría por la narración visual y la experimentación corporal. El jazz de Maddison Pack es sumamente sugerente; les pediría que cerraran los ojos, escucharan un tema y dibujaran o movieran su cuerpo imaginando la historia que nos van contando los instrumentos.
Desde luego, el jazz tiene un sitio fundamental en la educación infantil. Tendemos a encasillar a los niños en repertorios excesivamente infantilizados o simplistas, subestimando su capacidad auditiva. El jazz educa el oído armónico, introduce ritmos y síncopas que rompen la rigidez cuadriculada de otros estilos y fomenta la libertad creativa. Presentado a través del juego, es una herramienta pedagógica maravillosa.
P: ¿Hay algún proyecto, sueño o idea relacionada con la música y la educación que te gustaría explorar o llevar a cabo?
R: Me encantaría desarrollar un proyecto con talleres continuados donde músicos de la talla de Maddison Pack pudieran interactuar directamente en las aulas con el alumnado, incluso creando composiciones conjuntas. Ver el nacimiento de la música en vivo, poder preguntar a un músico profesional por qué elige una nota u otra y compartir un escenario con ellos sería una experiencia pedagógica inolvidable que marcaría positivamente el futuro de muchos niños.
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| El coro infantil de María Jesús Peralta en un concierto. |


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